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Taekwondo & Karate Para hablar sobre todo lo relacionado con el Taekwondo y el Karate.

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Antiguo 21-01-2014, 14:49
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Mi camino y mis conclusiones del Karate Shotokan

Aviso: preparaos para el más inmenso tochaco que jamás hayáis leído en este foro.

Dentro de unos días se cumplirán exactamente tres años desde que comencé a practicar Karate-Do del estilo Shotokan. No me considero un experto en el estilo, ni mucho menos, apenas me veo como poco más que un principiante, y como prueba de ello, llevo con orgullo mi cinturón azul, aun sabiendo que en otras escuelas podría estar ya vistiendo el negro con el tiempo que llevo practicando este arte marcial. No me importa, no me considero digno de llevar este cinturón todavía.

Pero he considerado que este era un buen momento para detenerme y reflexionar. Tres años se dice pronto, pero cuando lo piensas detenidamente, es bastante tiempo. ¿Por qué empecé a practicar Karate del estilo Shotokan? ¿Qué era lo que esperaba conseguir? ¿Y qué es lo que me ha aportado? ¿Ha cumplido mis expectativas? ¿Soy feliz haciendo lo que hago? ¿Debería continuar por este camino? Particularmente, durante este último año, tras abrir mis fronteras, conocer otros sistemas de combate y en general expandir mis miras y mi conocimiento y comprensión del mundo de las artes marciales, todo lo que he ido aprendiendo y descubriendo ha plantado las semillas de muchas dudas en mí. Y esas dudas han germinado y dado fruto; y como conclusión, a día de hoy, este mes de enero de 2014, ha sido el primer mes, en estos tres años, que no he pagado la mensualidad del Dojo, y he dejado de asistir a mis clases de Shotokan.

Retrocedamos en el tiempo. Tenía 17 años cuando comencé a practicar artes marciales. No era una persona atlética ni deportista. Mi hermano, quien siempre había estado muy metido en el mundo del deporte y de la actividad física, me recomendó el Aikido, y pasé varios meses practicando este arte marcial. Aunque me gustaban muchos de sus aspectos (su conservación de las tradiciones japonesas, el buen ambiente que se respiraba en las clases, su combinación de trabajo con armas y a mano vacía, su belleza estética...), poco a poco empecé a sentir que no era el arte marcial adecuado para mí. No me entretendré aquí; dejémoslo en que necesitaba algo que, primero, fuera más completo, tanto en su repertorio técnico como en su metodología de entrenamiento, y sobre todo, que me transmitiera una mayor sensación de efectividad.

El Karate parecía la opción ideal. Combinaba la cultura japonesa que siempre me ha fascinado con un repertorio técnico mucho más completo y una metodología que, al menos me dio esa impresión, era mucho más realista y efectiva. El único estilo de Karate disponible en mi ciudad era el Shotokan, así que fue éste el estilo que comencé a investigar. Tuve la suerte de dar con la página del estudioso Víctor López Bondía, gracias a la cual tuve acceso a una historia y un estudio de este estilo de Karate pragmático y sincero, libre de mitos y falsas creencias. Fue allí donde escuché por primera vez los términos “Karate japonés” y “Karate okinawense”, y también donde empecé a asociar las ideas de “moderno, incompleto y deportivo” y “tradicional, efectivo y realista” con uno y otro, respectivamente. El señor López Bondía no se cortaba a la hora de exponer una visión que, como con el tiempo descubriría, no estaba muy alejada de la realidad: por lo general, el Karate Shotokan que se enseña hoy en día no puede estar más alejado de los orígenes de este antiguo arte marcial. Lo que antes era un complejo y eficaz sistema de defensa personal, ahora no es más que un deporte, un juego de puntos, una absurda teatralización de un combate para adolescentes sedientos de gloria y medallas de oro.

Como podréis imaginar, no me sentó nada bien escuchar esto del arte marcial que estaba a punto de practicar. Pero, contra todo pronóstico, tuve la enorme suerte de acabar en una de los mejores Dojos en los que he tenido el placer de entrenar. Bajo la guía de un maestro 4º Dan perteneciente a la línea del maestro Taiji Kase descubrí un Karate Shotokan completamente diferente a lo que describían las críticas del señor López Bondía, un Karate fuerte, donde la espectacularidad de las técnicas quedaba en segundo plano, donde el contacto no era un tabú sino una rutina, donde no se le hacía ascos a ningún tipo de técnica, por poco ortodoxa o deportiva que fuera, donde el objetivo de cada entrenamiento, de cada movimiento, era uno solo: la máxima efectividad en una situación de defensa personal real, destruir al agresor que quiere herirnos a nosotros o a nuestros seres queridos. Todas las ideas preconcebidas que pudiera tener sobre el Karate Shotokan, se las llevó el viento. Todavía hoy sigo pensando que en ese Dojo pude entrenar con algunos de los mejores luchadores que haya conocido.

Pasaron los meses, y continué practicando felizmente mi Karate. Por motivos de estudios tuve que entrenar durante un tiempo en otro Dojo, afortunadamente con un amigo personal y maestro de la misma línea de Karate que mi Sensei original. Empecé a asistir a cursos. Recuperé el contacto con viejos compañeros de Aikido, y tuve una breve andanza en el Judo, que tuve que abandonar por motivos de horario. A medida que iba conociendo nuevas personas y nuevos maestros y mis horizontes se expandían, comencé, poco a poco, a desarrollar mis propias ideas y opiniones sobre las artes marciales. A plantearme mis propios objetivos. A querer más. Viví diversas experiencias que me marcaron y definieron mi mentalidad y mi camino en las artes marciales desde ese día en adelante, pero sin duda alguna, la más decisiva fue esta que os relaté hace ya tanto tiempo en esta anécdota de aquellos días practicando el Shotokan del maestro Kase. Para los que no queráis perder más tiempo leyendo otro enorme tochaco, o solamente necesitéis que os refresquen la memoria, un pequeño resumen: fui completamente aplastado, sufrí una derrota total a manos de uno de mis mejores Sempais.

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Esta experiencia me recordó violentamente el motivo por el que había empezado a practicar artes marciales: quería dejar de tener miedo. Tenía miedo, porque era débil. Tenía miedo de que otros más fuertes se aprovecharan de mi debilidad. De tener que contemplar, impotente, como me humillaban aplastaban mi dignidad como persona sin ni siquiera poder hacer nada para evitarlo. Aquella experiencia me hizo sentir un miedo como no había sentido jamás, el miedo a ser destruido. El miedo, la impotencia, la frustración de enfrentarte con un enemigo tan superior que no podías hacer más que esperar a que acabase contigo cuando le apeteciera. Oh, sí, comprendí el significado de la palabra “miedo”. Y caló en lo más hondo de mi ser una idea, una obsesión que me ha perseguido desde entonces: tengo miedo, porque soy débil. Si quiero dejar de tener miedo, tengo que ser fuerte. Ser fuerte es mi único objetivo, mi única razón para practicar artes marciales. Es lo único que importa y debo hacer todo lo que esté en mi mano para conseguirlo.

Quería ser fuerte y quería serlo ya. Estaba dispuesto a hacer lo que fuera para conseguirlo. Así que decidí que tenía que entrenar más. En aquella época, me hice amigo de un Sempai de mi Dojo, al que conocéis en este foro, que acababa de regresar al entrenamiento tras una lesión. Ambos compartíamos el deseo de entrenar más y conseguir más experiencia, y ahí fue cuando, por primera vez, hice por mí mismo algo que iba en contra de las enseñanzas de mis maestros: me compré un juego completo de protecciones y las utilicé practicar sparring a contacto pleno. Es algo que jamás podría haber hecho en el Dojo donde entrenaba, donde se promovía la ausencia de protecciones y el control de los golpes a puntos vitales como método idóneo de entrenamiento. Aunque no abandoné esta metodología, sino que la combiné con el sparring con protecciones. Pero, aunque mejoraba poco a poco, lo hacía demasiado lentamente para mi gusto, aún no conseguía encontrar esa fuerza que tanto ansiaba.

El comienzo de mi segundo curso escolar practicando Karate trajo un cambio de aires completo al mudarme de mi ciudad natal, Cádiz, a Sevilla, para continuar mis estudios. Allí ingresé en un conocido Dojo de Karate Shotokan bajo la tutela de un respetado maestro en este estilo. Aunque este maestro es un ex-competidor de Karate deportivo, que tiene entre sus alumnos a muchos competidores en activo, a día de hoy es sin duda alguna la persona que más ha influenciado y definido mi manera de concebir y practicar el Karate. Pese a practicar un estilo de Karate japonés, sus ideas son muy cercanas a las enseñanzas del Karate okinawense: un Karate que no esté limitado por la forma, sino que se desarrolle en combate con movimientos fluidos, naturales y relajados, que cultive todos los campos técnicos por igual, donde todo está permitido. Incluso el fuerte Karate que aprendí cuando estudiaba la línea del maestro Kase era un arte muy externo y formal en comparación, aunque las técnicas y los principios fundamentales eran los mismos. Esto me ayudó a desarrollar una mentalidad todavía más abierta. Por primera vez pude llevar mis protecciones a las clases de Karate, y los entrenamientos de combate con paos y manoplas dejaron de ser algo anecdótico para convertirse en una práctica regular. Incluso llegué a competir, y aunque mi experiencia con el Shiai Kumite (combate deportivo) fue tan decepcionante como cabría esperar, sí que disfruté de la competición de Kata, y me gustaría poder volver a participar, ya que el tener que realizar mis Katas delante de un grupo de árbitros me ayudará a estar acostumbrado a ser evaluado por rostros desconocidos cuando tenga que examinarme ante un tribunal.

Durante este tiempo, quise combinar mi Karate con sistemas más centrados en lo que en las artes japonesas se denominan “técnicas suaves”, a saber: agarres, luxaciones, proyecciones... durante un tiempo reboté entre dos opciones sin tener muy claro con cual quedarme: Jiujitsu brasileño y Aikido. Encontré una excelente escuela de Aikido, la mejor de la que he oído hablar, donde este arte tan esotérico se enseñaba por fin con un poco de realismo, con ataques en condiciones, proyecciones fuertes y efectivas y hasta lucha de suelo (no en vano los instructores tenían sus buenos años en Boxeo, BJJ y otros deportes de combate), y en alguna ocasión llegamos a entrenar una suerte de combate libre. Pero el Jiujitsu brasileño, en comparación, aunque más incompleto, ofrecía un entrenamiento mucho más intenso, con técnicas y conceptos más sencillos de asimilar, cuyos resultados se hacían evidentes cuando aplicaba mis conocimientos con personas no entrenadas en el arte de la lucha en el suelo. Al final fue el poderoso caballero don dinero quien tomó la decisión por mí: un cambio de residencia provocó que los gastos de transporte hasta el gimnasio donde entrenaba Jiujitsu se elevaran por encima de lo que me podía permitir. Al final me quedé en Aikido.

Pero esto no tiene ninguna importancia real en mi historia. Lo que sí lo tiene es la creciente frustración que estuvo naciendo en mí a mediados del pasado año. He dicho antes que di con un maestro excelente de Karate Shotokan. Sus alumnos, por desgracia, no lo eran tanto. Los más avanzados estaban ya completamente contaminados por los hábitos y reglamento del Kumite deportivo; y los principiantes seguían su ejemplo. Como resultado, en aquel Dojo se volvió prácticamente imposible tener un combate en condiciones, a menos que tuvieras la suerte de tener de pareja al propio Sensei. El contacto era más que un tabú, era un demonio al que evitábamos como si de una cucaracha se tratase. De todas las técnicas que aprendíamos, puede que durante los combates se vieran quizá un 5%. Yo mismo contemplé, con horror, como mi propio Karate se imbuía poco a poco de estos aspectos, quizá por miedo al rechazo de mis compañeros, o porque mi orgullo me hacia querer derrotarles en su propio juego.

Por fortuna, el destino me tenía preparada una enorme bofetada que volvería a hacerme dar un giro radical en mi camino de las artes marciales, cuando comprendí cuánto me había alejado del punto donde había comenzado hacía ya más de dos años.

Aquel verano participé en un curso de Karate Shotokan de la línea de Kase bajo la instrucción del maestro Dirk Heene. Me hacía mucha ilusión reencontrarme con mis viejos maestros y compañeros, y volver a practicar aquel Karate con el que había empezado. Pero me lleve una desagradable sorpresa, al darme cuenta de que el Karate que nos enseñaban allí, ya no me llenaba. No me atrevería jamás a decir que era un Karate malo o inefectivo, porque sé que ha generado excelentes luchadores; es simplemente que, a medida que iba avanzando en el camino, iba teniendo una idea cada vez más clara de el Karate que me gustaría practicar. Y no tenía nada que ver con el Karate que hacíamos allí. Todo era demasiado formal, todo se quedaba, solamente eso, en la forma. No hicimos apenas aplicaciones de Bunkai que me llamaran la atención. Simplemente repetíamos las mismas técnicas una y otra vez, siempre ligados a la forma, a lo externo. No digo que eso no tuviera su utilidad, pero... no era lo que yo buscaba o necesitaba en aquel momento.

Ocurrió que mi Sensei había decidido no dar clases durante el verano, tras comprobar que apenas unos pocos alumnos continuaban asistiendo durante las vacaciones. Así que tomé una decisión que cambiaría todavía más mi manera de entender las artes marciales: practicar deportes de contacto.

Quería empezar con Muay Thai, y además tuve la suerte de que durante ese verano pude aprovechar una oferta para practicar también algo de Boxeo. El Boxeo me gustó muchísimo más de lo que esperaba. Sí, puede que solamente se limitara a dar puñetazos, pero... jamás había disfrutado de tanta libertad y versatilidad a la hora de trabajar los puños. Directos, circulares, ascendentes, esquivas, bloqueos... se me permitía hacer prácticamente cualquier cosa que se me ocurriera siempre que funcionara. Era todo lo opuesto a lo que estaba acostumbrado hasta ahora, después de meses haciendo Kumite cuasi-deportivo. Y Muay Thai era eso pero con todavía más variedad, con patadas, codos, rodillas... claro que todas las horas practicando Kihon y Kata también dieron sus frutos, y no me costó apenas esfuerzo comprender y asimilar los conceptos técnicos que aprendía tanto en Muay Thai como en Boxeo. Progresé a pasos agigantados y en pocos días podía hacer sparring sin problemas con la mayoría de mis compañeros. Así que, cuando regresé a Sevilla y me inscribí en una prestigiosa escuela de Muay Thai y Muay Boran, estaba totalmente henchido de orgullo por mis logros. Orgullo que no tardaron en destrozar.

Eso fue lo que realmente me hizo cambiar: la humillación que supuso para mí entrar en ese gimnasio. Su prestigio está más que merecido; el nivel de sus practicantes es realmente espectacular. En aquel lugar volví a recordar lo que significaban conceptos como “miedo” y “dolor”. Aprendí lo que era entrenar hasta que literalmente el cuerpo no aguantaba más, volver a casa sin apenas poder andar. En una ocasión llegué a casa y lo primero que hice fue suplicarle a mi compañera de piso que me preparase una bolsa de hielo. Me llevé golpes, muchos, y muy dolorosos. Los primeros combates fueron un infierno. Y no eran sólo los combates; todo el entrenamiento en general era mucho más libre e intenso de lo que estaba acostumbrado. Incluso cuando hacíamos trabajo técnico o con paos podías llevarte un duro golpe si no estabas atento.

Llegamos a estos últimos días, a este mes de enero. Con los exámenes a la vuelta de la esquina, comprendí que solamente iba a tener tiempo para practicar una disciplina hasta febrero. Tenía que elegir entre Karate y Muay Thai. Y me he quedado con Muay Thai.

Y es aquí cuando empieza lo importante de verdad, los motivos por los que he tomado esta decisión, las respuestas a las preguntas que he planteado. Las conclusiones que he sacado sobre el Karate Shotokan después de estos tres años y por qué he elegido seguir entrenando Muay Thai antes que Karate.

El motivo es tan sencillo como que siento que necesito el Muay Thai más de lo que necesito el Karate. El Shotokan es un estilo excelente: es amplio, complejo y muy completo. Practicas la técnica hasta la saciedad, pero eso en sí no me parece algo malo. Me ha aportado muchos beneficios el pasar tantas horas simplemente perfeccionando mis movimientos, escuchando nada más que a mi cuerpo, aprendiendo a conocerlo y a comprenderlo, y cómo poder sacarle el máximo partido. Como ya he dicho antes, estos beneficios se han hecho todavía más evidentes cuando he empezado a practicar Muay Thai. Incluso las técnicas que eran nuevas o diferentes, no me ha costado el más mínimo esfuerzo aprenderlas, porque ya conozco mi cuerpo, ya se cómo utilizarlo, y si me dices que tengo que mover un músculo o una articulación determinada de una manera concreta, puedo hacerlo sin problemas, porque las horas practicando Kihon y Kata me han aportado una conciencia de mi propio cuerpo que me permite controlarlo con mucha más precisión. Y como he practicado tantos campos diferentes, no me cuesta aprender nuevas técnicas, porque ya sean puños, codos, patadas, rodillas, barridos, proyecciones... ya conozco la teoría básica y los principios fundamentales de todos ellos, porque el Karate Shotokan lo abarca todo.

El problema es que, aun sabiendo todo eso, no me han enseñado verdaderamente a pelear. Cuando empecé a practicar deportes de contacto me di cuenta de que tenía una alarmante carencia de buenos hábitos de combate. No estaba acostumbrado a mantener la guardia alta, no sabía aprovechar las oportunidades de contra. En el momento en que un buen practicante de Thai se puso a hacer combate conmigo, me destrozó con facilidad con sus largas e incesantes combinaciones y su amplio repertorio técnico. Y como había olvidado lo que era el dolor, en cuanto empecé a recibir golpes de verdad, todo se me vino abajo. Y recordé lo que era el miedo.

Podría haber hecho como tantos otros, y decir: “esto es para brutos y macarras, entrenar así es una vergüenza”. O, “no sirve para nada entrenar tan duro si llevas tantas protecciones porque eso no es real”. Pero no lo hice, porque mi deseo de ser fuerte me impedía ignorar la realidad. Y la realidad es que me dieron esas palizas porque era débil, porque no había entrenado en condiciones y no sabía pelear. Porque necesito que venga una persona que sea mucho mejor que yo y que no tenga absolutamente ningún reparo en golpearme hasta aburrirse, para recordar qué es lo que significa tener miedo, sentirme amenazado, saber que tengo que pelear y darlo todo porque de lo contrario solamente encontraré más dolor. Porque soy la clase de persona que necesita que lo pongan contra las cuerdas para romper mis ataduras y pelear con todo lo que tengo. Porque solamente en una situación así puedo rebasar mis límites y hacerme más fuerte.

Por eso necesito ahora el Muay Thai más de lo que necesito el Karate. Porque necesito compañeros que no le tengan miedo al dolor ni a hacérmelo sentir. Porque necesito poder sacar todo lo que tengo, todo lo que he aprendido, sin límites, sin obstáculos, simplemente yo y mi oponente intercambiando técnicas hasta que el instructor decida que ya es suficiente. Porque tendré una buena técnica, sí. Tengo mejor técnica que varios de mis compañeros de Muay Thai que después me han derrotado con facilidad durante los combates. Tengo una técnica que no sé utilizar. Irónicamente es el Muay Thai el que me está enseñando a sacar todo el potencial oculto a las técnicas de Karate que llevo tantos meses practicando. Por eso el Muay Thai es el segundo estilo, después del Shotokan, en el que he estado más tiempo. Y seguiré entrenando, y seguiré llevándome golpes, y cada día iré a por más. Porque eso es lo que yo quiero. Porque, aunque parezca una locura, eso es lo que me gusta. Y eso no lo tengo ahora mismo en Karate.

Me encanta el Karate Shotokan. Podría dedicarle toda mi vida este arte marcial. Practicar Shotokan fue la primera cosa en toda mi vida que hice por mi propia voluntad, en la que me esforcé al máximo sin que nadie tuviera que decírmelo, y donde por primera vez sentí el orgullo y la felicidad que le embargan a uno cuando lo elogian por un logro que ha trabajado duro y con dedicación para alcanzar. Entrenar Karate del estilo Shotokan ha sido una de las pocas cosas en esta vida que me han hecho sentir pleno, que me han hecho sentir vivo. Pero ahora mismo estoy entrenando Muay Thai, porque es el único modo que tengo de poder realmente aprovechar todo lo que aprendo cuando practico las técnicas y los Katas de Shotokan. Porque he progresado más en unos pocos meses en Muay Thai que en años haciendo Karate, y aún me queda mucho, mucho camino por andar.

La diferencia está en que el próximo mes, cuando terminen los exámenes, volveré a mi Dojo de Karate, y seguiré entrenando sin descanso, espero que durante muchos años más. Porque el Karate es un arte marcial con el que estoy casado, comprometido de por vida. El Muay Thai, sin embargo, es algo que sé que seguramente dejaré. Principalmente porque cuando termine la carrera, seguramente tenga que irme a Madrid a preparar las oposiciones, y allí tengo la intención de empezar con las MMA, para completar mi experiencia en los deportes de contacto con una disciplina donde realmente pueda poner a prueba todo lo que sé sin límite ninguno. Lo considero mi siguiente paso en mi camino, una vez que haya superado el que estoy dando ahora. Mientras tanto, seguiré entrenando duro cada día, seguiré expandiendo mis horizontes, asistiré a todos los cursos y seminarios que pueda permitirme, buscaré el conocimiento de la mano de los mejores maestros que consiga encontrar. Mi objetivo: construir un Karate Shotokan que me haga sentir completamente satisfecho y orgulloso de lo que practico, que no tenga nada que envidiarle a ninguna otra disciplina, ya sea arte marcial o deporte de contacto, tradicional o moderna. Un Karate que realmente sea el Shotokan tal y como a mí me gustaría practicarlo, donde todo tenga cabida, donde nada que pueda aportar algo sea rechazado, que coja lo mejor de todo lo que he ido aprendiendo y aprenderé a lo largo de mi vida. Donde el dolor sea un viejo amigo a cuya visita ya estamos acostumbrados. Donde nadie te echará la bronca porque hayas decidido terminar ese combate con una proyección y una luxación en el suelo. Y, sobre todo, donde se entrene con el único objetivo con el que siempre se ha entrenado Karate desde sus orígenes: convertirse en un luchador completo y eficaz, sin importar lo duro que sea el camino.

Edito: quizá he hablado con demasiada dureza de mis actuales compañeros de Karate. Sé que puede parecer un poco tonto en un foro anónimo, pero quiero dejar claro que en ningún momento mi intención era desmerecerlos, ni a ellos ni a su manera de practicar y disfrutar el Karate. Lo que intento explicar es que yo busco en las artes marciales algo que, por lo que he visto, la mayor parte de los practicantes de Karate no tienen por objetivo. Yo respeto por completo al que quiera practicar artes marciales por mero fitness o para competir en campeonatos y eventos deportivos, y precisamente porque yo no soy quien, no tengo el derecho para obligar a mis compañeros a entender y practicar artes marciales de la misma manera que yo las entiendo y las practico, que he decidido adentrarme en otras disciplinas, en busca de compañeros más afines a mi modo de concebir las artes marciales. Entiendo perfectamente que los entrenamientos duros con elevado nivel de contacto no son algo para todo el mundo y no coinciden con las expectativas que muchos tienen de las artes marciales. Y como a mí sí que me gusta el contacto y la intensidad, en vez de ir a decirle a mi instructor de Karate que adapte todas las clases a mis necesidades, me pareció mucho más inteligente practicar también en otros lugares donde los entrenamientos y la actitud general sean más afines a mis particularidades, y durante las clases de Karate, tratar de juntarme con los compañeros que yo vaya viendo que comparten en mayor medida mi personal visión de las artes marciales.
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Última edición por Straystar; 09-02-2014 a las 17:36 Razón: Editado automáticamente, para unir los mensajes.
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Para el que le de pereza resumir el tochaco os lo voy a resumir: Stray a confesado que es homosexual, y que además es el famoso violador de camioneros de la M-30, dice ser fan de Justin Bieber, y que se apunta a Nanbudo.
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Para el que le de pereza resumir el tochaco os lo voy a resumir: Stray a confesado que es homosexual, y que además es el famoso violador de camioneros de la M-30, dice ser fan de Justin Bieber, y que se apunta a Nanbudo.
¡Mierda, Borja, no les chafes la sorpresa! Has revelado mi verdadera identidad...


Última edición por Straystar; 21-01-2014 a las 15:09
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Para el que le de pereza resumir el tochaco os lo voy a resumir: Stray a confesado que es homosexual, y que además es el famoso violador de camioneros de la M-30, dice ser fan de Justin Bieber, y que se apunta a Nanbudo.
Me has ahorrado un rato de lectura, gracias tio!!
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Que decir Stray, eres un buen ejemplo de honestidad contigo mismo. Autoengañarse no es el camino, y el que has elegido, es, desde luego el correcto.
Pero recuerda, que no es el muay thai, por el mero hecho de ser muay thai, lo que has sentido es el beneficio del combate a contacto pleno, con infinitisimamemente más virtudes que defectos. Te animo a que sigas con el muay, o con lo que sea, y que siempre te seas fiel a ti mismo.
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Llevo ganados 4 kilos de masa magra en 2 meses con el método CST

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Si necesitas recomendaciones ya sabes, pero primer tenemos que aclarar varias cosas sobre la letanía que te has marcado. Y es que es muy importante saber describir los detalles que de verdad interesan al lector, que le hacen sumergirse en el relato, en las cuitas del protagonista y el contexto en el que se mueve... ¿por qué no has colgado fotos de tu compañera de piso?
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Con el método Abdominales Perfectos he conseguido el Six Pack

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Si sientes ese miedo en un entrenamiento, no me quiero imaginar el miedo que se debe sentir subirse a un ring de muay thai...sabiendo que el contrario no va a hacer daño...va a rebentarte a dejarte tumbado en el suelo..
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Yo combino Artes Marciales con el Incinerador de Grasa

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Antiguo 21-01-2014, 15:56
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La cantidad de ropa que lleve en al foto, será inversamente proporcional al respeto y admiración que te llevarás por nuestra parte.
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Para marcar los abdominales te recomiendo el método: Abdominales Perfectos

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Iniciado por Borjaninpo Ver Mensaje
Que decir Stray, eres un buen ejemplo de honestidad contigo mismo. Autoengañarse no es el camino, y el que has elegido, es, desde luego el correcto.
Pero recuerda, que no es el muay thai, por el mero hecho de ser muay thai, lo que has sentido es el beneficio del combate a contacto pleno, con infinitisimamemente más virtudes que defectos. Te animo a que sigas con el muay, o con lo que sea, y que siempre te seas fiel a ti mismo.
Gracias, Borja, y no te preocupes por eso. Al fin y al cabo, lo que yo buscaba al entrenar Muay Thai, como te digo, no era tanto el Muay Thai en sí, sino simplemente un lugar donde pudiera practicar pues justo eso, un sparring realista, continuo, con contacto, con libertad técnica, y sobre todo y ante todo, que pueda practicar ese tipo de combate de manera regular y con todos los compañeros, no solamente con uno o dos, que era lo que me ocurría en Karate. El Muay Thai fue la opción más lógica por ser el más extendido, pero también me atraía el Sanda, por ejemplo. Cualquier deporte donde pudiera centrarme en aprender a aplicar todo lo que ya he aprendido en Karate me valdría (aunque las MMA las he dejado para más tarde para poder centrarme en la lucha en pie, que es lo que más me interesa ahora mismo).

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¡Bienvenido a MadriZ!

Si necesitas recomendaciones ya sabes, pero primer tenemos que aclarar varias cosas sobre la letanía que te has marcado. Y es que es muy importante saber describir los detalles que de verdad interesan al lector, que le hacen sumergirse en el relato, en las cuitas del protagonista y el contexto en el que se mueve... ¿por qué no has colgado fotos de tu compañera de piso?
Lo de Madrid es una posibilidad, no es remota, pero tampoco es seguro. Me encantaría, la verdad, y lo cierto es que muchas oposiciones solamente se pueden preparar en Madrid o Barcelona, y a veces en Valencia, pero tal y como está la cosa, no me atrevo a intentar ver dónde estaré dentro de unos años.

¿Os valen fotos del perro? No quiero ir a la cárcel

Cita:
Iniciado por Holdric Ver Mensaje
Si sientes ese miedo en un entrenamiento, no me quiero imaginar el miedo que se debe sentir subirse a un ring de muay thai...sabiendo que el contrario no va a hacer daño...va a rebentarte a dejarte tumbado en el suelo..
El motivo por el que busco sentir miedo, Holdric, es precisamente para imponerme a ese miedo. El no estar acostumbrado a sentir miedo y dolor es lo que provoca que luego la gente que lleva años entrenando no sepa defenderse en la calle. Superar esa presión psicológica, saber respirar hondo, mantener la calma y luchar con todo lo que sabes, es el objetivo de este tipo de entrenamiento. Imagino que la presión de un combate profesional será mucho peor, pero también es cierto que los que se suben ahí son personas con años de experiencia y docenas de sparring a sus espaldas.
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Desarrollando Musculación con este método, a mi me está funcionando de maravilla

El incinerador de Grasa

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  #10  
Antiguo 21-01-2014, 16:49
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Iniciado por Straystar Ver Mensaje
El motivo por el que busco sentir miedo, Holdric, es precisamente para imponerme a ese miedo. El no estar acostumbrado a sentir miedo y dolor es lo que provoca que luego la gente que lleva años entrenando no sepa defenderse en la calle. Superar esa presión psicológica, saber respirar hondo, mantener la calma y luchar con todo lo que sabes, es el objetivo de este tipo de entrenamiento. Imagino que la presión de un combate profesional será mucho peor, pero también es cierto que los que se suben ahí son personas con años de experiencia y docenas de sparring a sus espaldas.
No estoy del todo de acuerdo, mi maestro de aikido dice que debemos entrenar las técnicas sin pensar en nada y totalmente relajados, el miedo es una idea que crea un sentimiento, si no piensas en combate no puedes tener miedo, el miedo causa tensión, si entrenas sin tensión muscular (que no fofo) no dejas que el miedo entre, si en una pelea tienes miedo, has perdido, la gente que tiene miedo en un combate real es gente que entrena sin estar en ese estado de calma, de hecho en tu primer combate contra ese cinturón negro, sentiste miedo cuando empezaste a pensar, la lucha no es pensar, es sentir, es complicado pero es a lo que todos aspiramos, espero que lo consigas, ánimo
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camino, conclusiones, karate, mis, shotokan

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